Proyecto profesional y de vida ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Hoy dedicamos nuestro artículo a hablar de una herramienta muy interesante para el trabajo en Psicología, especialmente en el ámbito de la Orientación (tanto laboral como educativa). Estamos hablando del proyecto profesional y vital, un escrito en el que la persona objeto de la intervención orientadora, ayudada y apoyada por el orientador, detalla, planifica y organiza sus expectativas laborales y vitales para el futuro.

 

Este tipo de intervenciones se pueden realizar tanto en atención individual como de forma colectiva (ya sea en un curso, taller o aula), y puede modularse su duración: desde hacer un proyecto esquemático en una sesión hasta ocupar varias sesiones de trabajo y hacerlo más extenso y específico. Obviamente este último será mucho más detallado y dará mucho más de sí, pero realmente lo importante del proyecto no es su realización, sino que el sujeto reflexione acerca de sí mismo, de su futuro, de sus preferencias y sus expectativas tanto profesionales como vitales. 

 

Pero ¿en qué consiste realmente un proyecto profesional? ¿Cómo realizarlo? Pues bien, hay varias formas, de hecho suele pasar que cada maestrillo tiene su librillo, y dependiendo de qué personas o perfiles lo realicen se hará de una forma u otra, pero en general los puntos clave son los siguientes:

 

Reflexión sobre las habilidades y capacidades del sujeto, así como sobre sus preferencias. Esto puede hacerse mediante una entrevista, o también con diversas técnicas o herramientas, como por ejemplo el conocido análisis DAFO (Debilidades-amenazas-fortalezas-oportunidades).

Contrastar esas preferencias y capacidades con la realidad del mercado laboral. Es importante informar a la persona acerca de la realidad del mercado laboral actual en su lugar de residencia (ya sea el actual o el deseado), dando a conocer además los recursos que puedan ser de utilidad para mejorar su formación o su empleabilidad. También es relevante que el sujeto piense acerca de cuáles de los trabajos para los que está cualificado y/o quiere realizar tienen implantación y oportunidades laborales en su zona.

Elaborar un “plan de acción”: establecer a raíz de las reflexiones anteriores metas a corto, medio y largo plazo, dividirlas en objetivos, y éstos a su vez en acciones concretas. Por ejemplo, si mi meta profesional a largo plazo es trabajar como empleado de Recursos Humanos en la Empresa X, una meta a corto-medio plazo podría ser realizar la carrera de Relaciones Laborales o algún curso específico. Dentro de esa meta, los objetivos serían aprobar cada asignatura o módulo de estudio, y las acciones concretas podrían ser la planificación de las horas de estudio, la elaboración de los trabajos, la documentación y consulta de bibliografía específica, la resolución de dudas en tutorías… Sobre todo es muy importante mentalizar al sujeto de que la búsqueda de empleo tiene muchas más oportunidades de prosperar cuando es una labor organizada y constante, aunque a veces resulte tediosa o desmotivadora.

-Una vez realizado ese “plan de acción”, que podría ser ya un borrador proyecto profesional, debemos darle una contextualización y un encuadre dentro de la vida de la persona. Cabe reflexionar sobre los proyectos vitales no relacionados con la profesión que quiere realizar la persona, e intentar encajar ambos proyectos para conseguir una armonía. Un proyecto profesional planificado y encajado dentro de las expectativas vitales de las personas proporciona generalmente mayor sensación de felicidad, puesto que las actividades profesionales no son contrarias al desarrollo vital de la persona, y viceversa.

 

En líneas generales, estos son a mi parecer los puntos clave que debe tener un proyecto profesional y vital de calidad. Depende de cada persona y de cada profesional las herramientas y actividades concretas que se irán planteando, pero entre sus objetivos deben estar siempre el autoconocimiento y el aprovechamiento de las capacidades y habilidades de las personas, así como la conciliación entre la vida profesional y el resto de metas vitales. Esto implica tener en cuenta que el proyecto profesional es una pequeña aunque importante parte de un proyecto mayor: el proyecto vital. También es conveniente ayudar a ajustar las expectativas laborales que tienen las personas con las posibilidades y oportunidades de formación y del propio mercado laboral existentes en su entorno, para evitar que haya desajustes entre la profesión que espera poder desempeñar la persona y las oportunidades laborales reales que existen para ello.

 

Por último, pero no menos importante, es conveniente destacar que la figura del orientador debe servir únicamente como guía, apoyo y fuente de información y motivación, no debiendo en ningún caso tomar las decisiones por la persona orientada. El deber de un orientador laboral es ser un facilitador, pero el verdadero agente de cambio y el único que debe tomar las decisiones reales dentro de su vida es el orientado. Para ello, es importante dejar esto claro, y adoptar desde el principio un papel de acompañamiento, dando oportunidad al sujeto de ser la parte activa en la elaboración de su proyecto.

 

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