Modelos de conducta: ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Un libro polémico

Seguramente os hayáis enterado de la polémica que ha surgido estos días en torno a un libro infantil. Se trata de la obra “75 Consejos para Sobrevivir en el Colegio”, de la autora María Frisa. Los comentarios de la protagonista han creado una gran controversia en las redes sociales, donde se ha tachado al libro de retrógrado, machista e incluso se ha dicho que hace apología del acoso escolar. Se ha llegado a abrir una petición en la plataforma Change.org pidiendo la retirada del mismo por “lo nocivo y los pobres valores expresados en este libro”, la cual ha alcanzado un considerable número de firmas.

Pero el objetivo de este artículo no es entrar en esta polémica, sino aprovechar el tema de conversación para aclarar algunos conceptos e intentar arrojar algo de luz sobre cuestiones que quizá se olvidan en este tipo de debates.

Modelos de conducta

En primer lugar me gustaría definir el concepto de modelado: se trata del proceso mediante el cual el ser humano adquiere conocimientos a través de la observación de otros, que se convierten en modelos de conducta. A partir de este hecho, se desarrollaron técnicas psicológicas, dentro de la corriente conductista, para ayudar a que las personas adquiriesen determinados comportamientos que resutaría difícil enseñar de otro modo. Uno de los autores pioneros en este campo fue el psicólogo Albert Bandura con su Teoría del Aprendizaje Social, acerca de la cual os recomiendo encarecidamente que busquéis información, pues resulta muy interesante para entender conceptos como el modelado, el aprendizaje vicario (por observación), y similares.

A mi modo de ver, parte de las quejas que se han vertido contra este libro tienen cierta lógica, puesto que las personas que las propugnan entienden que la protagonista del libro actúa como un modelo de conducta nocivo, especialmente para el público objetivo del libro, que se trata de niños y especialmente niñas entre 6 y 12 años. Sin embargo, en el proceso del modelado intervienen otros muchos factores, y no me parece adecuado cargar toda la responsabilidad en una obra que, al fin y al cabo, es un producto de ficción. Me parece más importante que los padres hagan una lectura reflexiva con sus hijos, y dialoguen con ellos acerca de qué comportamientos de la protagonista no son adecuados y por qué. De hecho, una lectura de este tipo seguramente pueda enseñar mucho a los niños, y por qué no, también a los padres. Prohibiendo la existencia de este tipo de libros, también nos privamos de una buena oportunidad de enseñar a los niños, con ejemplos cercanos y asequibles para ellos, los comportamientos que no son adecuados y las actitudes erróneas. La clave está en acompañarlos en el aprendizaje, para solventar cualquier duda que les pueda surgir, y explicarles las cosas en lugar de tratar ciertos temas como tabúes.

Ejemplo de modelo de conducta positivo en literatura infantil 

Por último, me gustaría añadir un ejemplo de mi propia infancia. Como apasionada de la lectura, crecí acompañada de las historias de numerosas obras de ficción. Una de mis favoritas era la saga de libros “Los Cinco”, creada por la escritora inglesa Enid Blyton. Seguramente a muchos os suenen: cuatro niños y un perro que en sus vacaciones siempre resuelven misterios y viven infinidad de aventuras. Pues bien, en estos libros encontramos un ejemplo de modelo de conducta nada al uso. Se trata de Jorge, una chica a la que pusieron el nombre de Jorgina pero que realmente siempre se identificó como chico y anhelaba ser tratada como tal. De hecho, se hacía llamar por la versión masculina de su nombre, llevaba el pelo muy corto, vestía como un chico y adoptaba roles y actitudes típicamente reservados a personajes masculinos: valiente, cabezota, algo altanera, decidida y de ideas claras, temperamental, muy resolutiva, fuerte e independiente. Creaba un gran contraste con otra de las protagonistas, su prima Ana, que asumía los roles típicamente femeninos de la época: buena, obediente, dulce, apasonada por las labores del hogar, tranquila, complaciente y vulnerable.

Éste fue mi primer contacto con una realidad de la que hasta entonces no había sido consciente: el mundo LGTBI+. En ese momento no me había dado cuenta, pero en cierto modo, y pasado el shock inicial ante un comportamiento totalmente novedoso para mí, poco a poco lo fui integrando en mis esquemas cognitivos y lo fui asumiendo como normal: que ciertas personas no se sientan cómodas con los estereotipos que se les asignan en función del sexo biológico, y decidan llevar otro tipo de vida sin conformarse con lo que les ha tocado. Y casi sin darme cuenta, había sucedido: germinaba en mí la semilla de la tolerancia y el respeto.

Conclusiones

En la época en la que fueron escritos los libros (entre 1940 y 1960), podrían haber censurado este comportamiento, pero no lo hicieron. Así, llegó a mis pequeñas manos y me permitió aprender algo al respecto. No he leído el libro del que os hablaba al principio del capítulo, pero tengo entendido, por lo que he leído en Internet, que al final la chica protagonista hace algunos avances y aprende ciertas cosas. Aunque no sea así, no soy partidaria de la censura: con una lectura adecuada, y con alguien que nos ayude y nos aclare ciertas cosas, siempre se puede aprender algo; a veces, lo que se aprende es, simple y llanamente, que el modelo de conducta al que se nos expone es cuestionable.

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