La resiliencia ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Esta semana queremos tratar de explicar un concepto sumamente importante: la resiliencia. Aunque este término también se utiliza en otras disciplinas, aquí lo enfocaremos desde el punto de vista de la Psicología.

 

Se conoce como resiliencia la capacidad humana de sobreponerse a la adversidad, así como de adaptarse y sobrellevar las situaciones adversas. Ante circunstancias de la vida que pueden suponer un obstáculo (duelo, muerte de parientes cercanos, enfermedad, ser víctima de un atentado o catástrofe, fracasos académicos, laborales, amorosos…), la persona resiliente pone en marcha estrategias que le permiten volver a la normalidad. Pero la resiliencia no debe ser entendida en términos de “todo o nada”: es más bien un espectro, y cada persona se coloca en un punto u otro, dependiendo de las actitudes, pensamientos y conductas que muestre. Todos somos resilientes, en mayor o menor medida, pero es una característica que se puede entrenar.

 

Es importante para las personas desarrollar la capacidad de ser resilientes, ya que les ayudará a enfrentar las adversidades de una manera más adaptativa. Para un psicólogo, es importante tanto saber cómo potenciar la resiliencia en las personas a las que atiende como ser resiliente él mismo. Hay ciertas cosas que las personas pueden hacer para ejercitarla, a continuación describimos algunas de ellas:

 

  • Establecer relaciones humanas de calidad, y apoyarnos en los demás cuando sucede algún evento desagradable

 

  • Aceptar que hay eventos que no podemos controlar, e intentar ver maneras de salir adelante en lugar de centrarnos en lo que no podemos cambiar

 

  • Trabajar para tener una mentalidad flexible y adaptable ante los cambios

 

  • Trabajar para mejorar nuestra autoestima

 

  • No olvidar el autocuidado

 

  • Intentar dejar a un lado la inacción y moverse para lograr cambios

 

  • Cambiar la perspectiva acerca del cambio: pasar de verlo como amenaza a verlo como algo que puede ser positivo

 

Pero quizás, el punto más importante de todos es encontrar nuestra manera de ser resilientes. Los antes mencionados son consejos generales, válidos pero incompletos. Una parte de la resiliencia radica en aceptarnos a nosotros mismos, a los demás y a los acontecimientos que suceden. Si conseguimos hallar un estilo de vida con el que nos sintamos cómodos, y una manera de afrontar las cosas que encaje con nuestros esquemas y nos ayude a mantenernos positivos, será mucho más sencillo adaptarnos a los acontecimientos negativos y salir adelante. Hay gente que encuentra esto en la fe, otros en la acción social, otros en su profesión… La cuestión es intentar contar con una red física, mental y emocional que nos proporcione seguridad y apoyo, para así poder adoptar la actitud resiliente como estilo de vida.

 

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