Estrés laboral: cuando el trabajo nos supera. ¿Algún Psicólogo en la Sala?

En el mundo en el que vivimos, el estrés se ha convertido en una dinámica habitual. Resulta frecuente escuchar expresiones que hacen referencia al estrés, así como “métodos infalibles” para eliminarlo. En la vida adulta, uno de los pilares centrales y a la vez una de las mayores fuentes de estrés es el entorno laboral. Pero ¿qué es el estrés? ¿es siempre un fenómeno negativo? ¿cómo hacer frente al estrés laboral? Todas estas preguntas son las que nos han motivado a escribir este artículo, y las que esperamos resolver o al menos clarificar en parte.

 

Estrés: definición

El término estrés en realidad procede de las ciencias físicas, y hace referencia a la presión externa o fuerza aplicada a un objeto. Precisamente por ello, fue tomado para hacer referencia a aquellas situaciones en las que se pone a prueba a las personas a través de demandas que resultan excesivas para ellas.

Walter Cannon describió cómo reacciona el cuerpo ante las emergencias, preparándose para la acción: bien atacar o bien huir. Por eso, denominó a esta respuesta “de lucha o huida” (fight or flight). Ante una situación estresante, el organismo estimula las glándulas adrenales, las cuales segregan epinefrina, que activa el organismo. Para Cannon, esta activación puede tener consecuencias positivas o negativas: preparar al organismo para actuar frente a un peligro, y también efectos perjudiciales si esta activación se prolonga.

Selye definió el estrés como una “respuesta general del organismo ante cualquier estímulo estresor o situación estresante”. Para el, la respuesta de lucha o huida descrita por Cannon es la primera de una secuencia de reacciones fisiológicas que produce el estrés, las cuales describió y denominó como Síndrome General de Adaptación (SGA). En la imagen que aparece a continuación se explican las fases del SGA.

Imagen obtenida de: https://heynash.wordpress.com/2016/02/07/sindrome-general-de-adaptacion/

 

El estrés, por tanto, hace referencia a la relación entre una persona y su entorno. Para que una situación resulte estresante, la persona debe haber hecho una interpretación y valoración de la misma, y haber sacado como conclusión que no posee suficientes recursos como para enfrentar el acontecimiento con solvencia. Lazarus denomina a este proceso evaluación cognitiva, referida esencialmente a dos factores: si las exigencias presentadas amenazan nuestro bienestar y qué recursos tenemos disponibles para hacer frente a dichas exigencias.

Por lo tanto, el mismo acontecimiento podría ser estresante para una persona y no serlo para otra, o incluso podría variar cómo sería catalogado por la misma persona en diferentes etapas vitales. Todo depende de cómo evaluemos la situación, de las potenciales amenazas que ésta nos presente y de los recursos que creamos tener disponibles para hacerle frente.

 

 

Fuentes de estrés

Los acontecimientos o situaciones que pueden ser catalogadas como estresantes son muchas y muy variadas. Sarafino propuso una clasificación de las fuentes de estrés según el sistema al que pertenecen:

  • Fuentes personales: por ejemplo, las situaciones de conflicto.
  • Fuentes familiares: la familia resulta un arma de doble filo, puesto que la interacción entre sus miembros puede actuar como fuente de estrés o como factor protector. Generalmente, el estrés familiar está relacionado con ciertos acontecimientos críticos (muerte, enfermedad…).
  • Fuentes sociales: una de las fuentes sociales de estrés más relevante en la vida adulta es el contexto laboral, mientras que en la niñez y juventud sería el contexto escolar. Dado que en el artículo queremos centrarnos en el estrés laboral, dedicaremos el siguiente punto a explicarlo en profundidad.

 

El trabajo como fuente de estrés

Como ya hemos mencionado, una de las fuentes de estrés más importantes en la etapa adulta es el entorno laboral. Puede serlo por diversos motivos, y Peiró los ha clasificado en los siguientes grupos:

  • Estresores del ambiente físico: condiciones como el ruido, la vibración, la iluminación…
  • Demandas estresantes del trabajo: tales como los turnos de trabajo, la sobrecarga de horas o de tareas, la exposición a riesgos…
  • Contenidos del trabajo: variables como la oportunidad de control, la posibilidad de utilizar nuestras habilidades, la variedad de tareas a realizar, el feedback recibido, la complejidad del trabajo a realizar…
  • Estrés por desempeño de roles: aspectos como el conflicto, la ambigüedad o la sobrecarga a la que estemos expuestos.
  • Estrés por relaciones interpersonales y grupales: el estrés provocado por las relaciones con los superiores, con los subordinados, con clientes, con los compañeros…
  • Estrés relacionado con el desarrollo de la carrera: aquel que se deriva de las transiciones laborales, la inseguridad laboral…
  • Estresores derivados de las nuevas tecnologías: derivados sobre todo de la adaptación a la implantación de nuevas tecnologías en nuestro puesto de trabajo, que exigen nuevas demandas e implican la adaptación a los cambios que se producen.
  • Estresores derivados de la estructura y el clima organizacionales: relacionados con las características y dinámicas propias de la empresa en la que trabajamos.
  • Estrés por la relación entre el empleo y otros ámbitos de la vida: sobre todo relacionados con la conciliación de la vida personal y profesional, maternidad y paternidad…

Todos ellos son factores que pueden favorecer la aparición del estrés en los trabajadores. En la actualidad, los cambios provocados por la crisis económica en el mercado de trabajo han incentivado la aparición de estresores laborales, favoreciendo así la aparición de estrés laboral. La precarización de las condiciones de trabajo, la inestabilidad laboral, la mayor flexibilidad exigida, el aumento del desgaste cognitivo, la exigencia de requisitos para optar a un puesto de empleo o para mantenerlo (en términos especialmente de cualificaciones y experiencia laboral), el fomento de la competitividad y otros muchos factores han ido implantándose de manera progresiva en las culturas organizacionales, lo cual puede provocar que los trabajadores se vean sobrepasados por tantas y tan exigentes nuevas demandas. A continuación, explicamos cómo podemos favorecer el afrontamiento del estrés laboral, tanto a nivel individual como organizacional.

 

Afrontamiento del estrés: claves

El estrés, además de resultar desagradable de por sí, se ha relacionado con numerosas patologías que suponen un deterioro de la salud: desde problemas cardiovasculares hasta incremento en el riesgo de desarrollar cáncer. Por ello, es natural que busquemos maneras de afrontarlo de manera positiva.

El afrontamiento puede definirse como los esfuerzos (tanto cognitivos como conductuales) realizados por el individuo para hacer frente a las situaciones estresantes, así como para reducir el malestar generado por el estrés. Estos esfuerzos estarán determinados por los recursos que posea el individuo, tanto físicos como psicológicos, culturales o sociales.

Las respuestas de afrontamiento pueden catalogarse atendiendo a múltiples variables, las cuales se resumen en la imagen que adjuntamos a continuación.

 

Sin entrar en detalles con respecto a las características de estas categorías, podemos anticipar que no existe un tipo de respuesta de afrontamiento mejor que otro, puesto que su eficacia depende de la persona, sus características y el contexto. No obstante, hay ciertas claves que podemos compartir que ayudarán a reducir el estrés laboral, y también a afrontarlo de manera más adaptativa:

  • Analizar la situación estresante: para poder abordar la situación de manera efectiva, es importante analizarla detalladamente, así como conocer los recursos de los que disponemos para lidiar con ella.
  • Contextualizar la importancia real del problema: a la hora de analizar un problema, muchas veces tendemos a sobredimensionar su importancia, lo cual redunda en que los veamos como inabarcables. Es necesario aproximarnos a la situación estresante de manera realista, sin minimizarla pero evitando dejarnos llevar por la desesperación.
  • Desarrollar técnicas de asertividad: la asertividad es una característica muy importante en todos los ámbitos de la vida, pero en el laboral cobra especial importancia. Ya os hemos hablado de ella antes, pero básicamente se trata de saber defender los derechos propios sin ir en detrimento de los de los demás. Ya sea expresando claramente nuestras preferencias, aprendiendo a decir no, a delegar o a reconocer nuestros errores, la conducta asertiva contribuye a neutralizar gran parte de los estresores laborales, o al menos ayuda a lidiar con ellos.
  • Abordar las situaciones que generan estrés positivamente: y con ello no quiero decir que tengamos que alegrarnos cuando tenemos un problema, ni verlo todo de color de rosa. Más bien me refiero al hecho de, ante una situación estresante, buscar todos los recursos que estén a nuestro alcance para resolverla, incluso aunque ello implique tener que desarrollar nuevas habilidades o capacidades. El esfuerzo merecerá la pena.
  • Intentar desconectar: si bien muchas veces no es posible, lo deseable es que los problemas del trabajo se queden allí, e intentar que no interfieran en otras esferas de nuestra vida. Cambiar la dinámica de pensamiento nos permitirá recuperar fuerzas para enfrentar los estresores con energías renovadas y nuevas ideas.

Todos estos consejos están pensados a nivel individual, pero también las organizaciones pueden poner en marcha estrategias para lidiar con el estrés, como por ejemplo:

  • Mejorar los servicios de Recursos Humanos
  • Promover la conciliación de la vida laboral y personal
  • Flexibilización en entornos multiculturales
  • Proporcionar a los empleados ciertos niveles de estabilidad y perspectivas de desarrollo de su carrera profesional
  • Suavizar el impacto de cambios estructurales

 

BIBLIOGRAFÍA:

Belloch, A., Sandín, B., & Ramos, F. (2012). Manual de psicopatología. McGraw-Hill.

Peiró, J. M., & Salvador, A. (1993). Desencadenantes del estrés laboral (Vol. 2). Madrid: Eudema.

Rodríguez-Marín, J., & Neipp, M. C. (2008). Manual de psicología social de la salud. Madrid: Síntesis.

 

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