Estás triste y no pasa nada. PARTE 1/2, ¿Algún Psicólogo en la Sala?

No hay blog de psicología que se precie que no tenga uno o varios artículos dedicados al monstruo de la depresión.

Esta cuestión no es aleatoria. La depresión en España se ha convertido en un problema de salud pública que supone una inversión altísima en sanidad. Dicho en otras palabras: los trastornos depresivos salen caros (y no hablamos solo de dinero, aunque también).

No podemos dar una cifra exacta, pero se estima que alrededor de 2,4 millones de personas conocen alguno de los distintos trastornos depresivos de primera mano. Esta cifra es una barbaridad.

El impacto y su presencia varía también en función del grupo de población del que hablemos, por ejemplo se estima alrededor de un 1.12% en preescolares, un 8.56% en población general e incluso de un alarmante 55.6% en estudiantes universitarios.

Estas cifras nos obligan a vivir en lo cotidiano con la depresión de manera que de algún modo lo hemos convertido en un término difuso y multiusos que corre el riesgo de ser tratado incorrectamente.

Vamos a dedicar un tiempo a charlar sobre qué es y sobre todo qué no es la depresión. Pero vamos a hacerlo pasito a pasito. Vamos a ir de lo sencillo a lo más complicado para intentar tratar este tema con el respeto y la rigurosidad que merece.

 

Depresión vs. tristeza o cómo nos hacemos la picha un lío con cosas importantes.

El estado de ánimo depresivo es una de las condiciones más frecuentes de malestar psicológico en los seres humanos y lo es desde el principio de los tiempos.

Pero un estado de ánimo depresivo, aunque sorprenda, no es un síntoma suficiente para diagnosticar una depresión. De hecho, cuando  hablamos de un trastorno depresivo hablamos de muchísimas cosas complicadas y el ánimo decaído es una parte muy muy pequeña.

Decía Cattell:

 “La psicología es un campo peliagudo, en el que incluso notables autoridades se han movido en círculos, describiendo cosas que todo el mundo conoce con palabras que ninguno entiende”.

Podemos reflexionar mucho sobre esta frase, pero hoy nos sirve para ilustrar en qué medida es complejo estudiar y describir aquello que cualquiera de nosotros conoce por experiencia propia. Podemos hablar mucho sobre la tristeza, teorizar, formular hipótesis, pero es mucho más potente para su comprensión haber estado triste alguna vez, ¿no?

Uno de los errores más extendidos respecto a la depresión es conceptualizarla como un sentimiento de tristeza muy profundo.  Aunque puede parecer un error sin más, lo cierto es que tiene implicaciones muy serias. Quizás una de las más devastadoras sea que contamina nuestro conocimiento sobre las emociones propias…

¿Qué pasaría si cada vez que sentimos euforia creyésemos que estamos sufriendo un episodio de manía? ¿qué hacemos si cada vez que estamos tristes creemos que tenemos depresión? ¿y si cada vez que nos enfadamos barajamos la posibilidad de tener alguna dificultad para gestionar la ira?¿si confundimos estar nerviosos con tener ansiedad?

En una sociedad que tiene inteligentes hasta los teléfonos, nos encontramos con una incapacidad muy extendida para conocer, interpretar y expresar las emociones propias. (Imagina qué desastre cuando nos ponemos a interpretar las ajenas).

Este es el motivo por el cual conceptos como educación o inteligencia emocional están de moda en nuestros tiempos. Cada vez somos capaces de saber más cosas sobre el mundo que nos rodea y menos sobre nosotros mismos.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo y antes de hablar sobre “lo trastornado” es importante hablar sobre lo que no lo está, de la normalidad.

 

La tristeza: una emoción básica.

La tristeza es una de las emociones básicas. Para Paul Ekman, las emociones básicas son seis: tristeza, felicidad, sorpresa, asco, miedo e ira. Otras clasificaciones incluyen o excluyen alguna, pero felicidad, tristeza, miedo, asco e ira están siempre presentes en las clasificaciones.

De la combinación de las emociones básicas sacamos el resto de emociones que forman nuestra experiencia emocional. En la imagen aparecen algunas combinaciones, la investigación sobre este tema es casi infinita y no podemos asegurar cuales son TODAS las emociones. Pero, oye, el cuadro está chulísimo para hacernos una idea.

¡Hay que ver cuánto bien hizo esta peli! Si no la has visto, te la recomiendo: Inside out.

Todas nuestras emociones constituyen procesos de adaptación y se asume su existencia en todos los seres humanos independientemente de su cultura.

Cuando decimos que las emociones son adaptativas, queremos decir que cumplen una función básica que nos permite sobrevivir en nuestro entorno. Es cierto que algunas emociones nos resultan molestas, pero incluso esas tienen un propósito insustituible.

De hecho, si alguna no fuera necesaria habría desaparecido con el paso del tiempo como pasa con los terceros molares.

Y llegado este punto quizás sea oportuna la pregunta “¿para qué sirve la tristeza?”

Nuestra capacidad de estar tristes responde a una cuestión fundamental: mostrar a los demás que necesitamos ayuda, compresión o apoyo tras una vivencia de pérdida real o imaginaria, personal o material.

Estar triste y su manifestación en nuestra expresión y comportamiento modula las interacciones de las personas que nos rodean.

Además a nivel personal favorece el autoconomiento, estar triste es una oportunidad para reflexionar sobre aquello que es importante o no para nosotros. En último lugar, pero MUY importante, estar tristes nos ayuda a adquirir recursos y habilidades para superar momentos complicados.

Una de las manifestaciones de la tristeza es el duelo. El duelo es el proceso que se pone en marcha cuando nos toca asimilar una pérdida, temporal o permanente, real o imaginada, de una persona, una situación o un objeto significativo.

 

Tristeza normal vs. tristeza patológica

En psicología solemos utilizar tres parámetros a la hora de diferenciar lo patológico de lo “normal”. Prácticamente cualquier fenómeno puede ser considerado como conducta normal siempre y cuando se de en un contexto pertinente, no interfiera de manera significativa con el desempeño en la vida diaria y tenga una duración e intensidad proporcionada al evento que la provoca.

Cuando hablamos de tristeza “normal” hablamos del estado de ánimo que se desencadena tras una pérdida material, personal o psicológica. Generalmente aparece tras un evento negativo, tiene una intensidad proporcional al evento y nos permite continuar con nuestro ritmo de vida sin grandes dificultades. Es un estado pasajero. Esta tristeza no es ni buena ni mala, es necesaria e inevitable en el curso de nuestras vidas.

Hablamos de tristeza patológica cuando se presenta sin presencia de un evento negativo, con una intensidad y duración desproporcionada y además interfiere de manera significativa en la vida cotidiana. Esta tristeza se categoriza como síntoma, es decir como una alerta de que algo no va bien.

 

Duración, intensidad e interferencia son parámetros muy utilizados para diferenciar lo “normal” de lo patológico.

Hablamos de proceso adaptativo cuando una persona se siente triste tras una ruptura, pero si esta misma persona se siente profundamente triste porque hoy es jueves y está nublado… puede que tengamos que ir un poco más allá a la hora de interpretar esa tristeza que, de entrada, se presenta de un modo completamente desadaptativo.

No estás depre, estás triste

La falta de habilidad para gestionar, expresar e interpretar emociones nos lleva a cometer errores. La tristeza en concreto es una de las emociones con las que más nos engañamos.

Nos resulta fácilmente interpretable una persona alegre o enfadada. También somos buenos a la hora de identificar el miedo, pero parece que vivimos en un momento en el que resulta complicado asumir la tristeza propia y la de los demás. Casi como un pecado capital. Por eso ante la tristeza propia o ajena que no podemos gestionar se nos viene a la boca la palabra depresión y nos olvidamos de otras como espacio, silencio, comprensión y tiempo. 

Nos decimos: “No llores, anda”; “No te pongas así, no pasa nada”, “No hay nada en la vida que no tenga solución”.

Yo cuando escucho a alguien decir”depre”

Y deberíamos decirnos: “Llora siempre que tengas ganas”, “Ponte como necesites, no pasa nada”, “Hay cosas en la vida que no tienen solución, pero vamos a seguir aquí”.

Nos pasa cada vez más, no permitimos la tristeza fuera de un escenario depresivo. Si estás triste, estás estropeado. Y con esa facilidad, sumamos a la tristeza el sentimiento de culpa por sentirse triste en un mundo feliz.

Una vida plena y feliz no depende de que nos pasen o no cosas “malas”, depende de las herramientas que tengamos para enfrentarnos a los malos momentos. Esas herramientas solo se consiguen en el campo de batalla.

 

 

Permítete y permite a los demás estar tristes que eso de la depresión lo dejamos para otro día.

 

 

 

Sobre Carolina (Algún Psicólogo en la Sala) 31 Artículos
Psicóloga y Educadora Infantil. A mí sí cuéntame cuentos Cofundadora, administadora y creadora de contenido web en www.algunpsicologoenlasala.es

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