Estás triste y algo pasa. PARTE 2/2, ¿Algún Psicólogo en la Sala?

La semana pasada hablamos sobre tristeza y sobre cómo, en ocasiones, se nos disfraza y quiere aparecerse como algo que debe preocuparnos sobremanera.

Vimos como esto sucede porque nos resulta complejo interpretarla y gestionarla como una emoción más. Es evidente que todo el mundo prefiere sentir una profunda alegría antes que una profunda tristeza, pero no hay experiencia vital sin una y otra.

Recordemos aquello que hablamos sobre la burbuja de la eterna felicidad…

 “¿Qué tiene de malo promover las emociones positivas? En principio nada, desde luego, es algo positivo y útil. El problema radica en las situaciones en las que el cultivo de sentimientos positivos anula la posibilidad de que existan sentimientos negativos. Me explico: no hay ningún problema en que yo busque ser más positiva para sentirme mejor; el problema aparece cuando intento ser positiva a toda costa, reprimiendo, obviando e incluso negándome la posibilidad de experimentar emociones consideradas como negativas.”

Seguro que te suena eso de la “filosofía” Mr. wonderful: positivismo, buen rollo, esperanza, ilusión… mensajes positivos que nos ayudan a perseguir nuestras metas sin rendirnos, nos animan y nos hacen sonreír. Todo esto está fantástico, pero ojo con confundir un mensaje motivador (“eres la mejor”, “no hay nada imposible”, “puedes conseguir cualquier cosa que te propongas”…) con una una sentencia que nos oprime y nos condena a la incapacidad de gestionar los fracasos, las decepciones y la rotura de expectativas.

Digamos que si soy la mejor, puedo conseguir cualquier cosa y, además, no hay nada imposible; ¿qué hago cuando fracaso? ¿cómo se gestiona eso?

 

Cuando estás triste, pero sí pasa algo

Si hemos entendido la función que cumple la tristeza en nuestras vidas y podemos ser críticos respecto a los mensajes que recibimos estamos listas para dar un paso más allá y hablar de lo que pasa cuando la tristeza deja de ser funcional, deja de ser “normal” y se convierte en síntoma.

La tristeza se conceptualiza como síntoma cuando deja de ser una respuesta funcional. No se presenta para ofrecernos un momento de reflexión ni para despertar en los demás conductas de ayuda. Simplemente llega, se asienta y no se va. Y pasa el tiempo y no se va. Ya nadie recuerda cuando llegó. Tampoco hay un porqué racional.  Echa raíz y deja infertil el lugar por el que pasa, consume todos los recursos y anestesia. Ahora estás triste (patológicamente triste), pero pasa algo. A esto le llamamos depresión.

 

“La depresión es el diagnóstico psiquiátrico y psicológico que se describe como un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana.”

Pero no es solo eso, no afecta solo a eso y desde luego no la “cura” el tiempo.

Los trastornos depresivos

“Trastornos depresivos” es la etiqueta que utilizamos para hablar de todas las situaciones en las cuales el ánimo está profundamente decaído, vacío o irritable, se presentan cambios somáticos y cognitivos y la capacidad funcional del individuo queda afectada de manera significativa.

La duración, presentación o la supuesta etiología serán criterios diferenciadores entre los distintos trastornos depresivos. Actualmente, el DSM-5 recoge estos y entre paréntesis recojo yo un pequeño comentario a cada uno:

  • Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo ( sobre esto hablamos en 3 realidades que quizá no deberían aparecer en el DSM)
  • Trastorno de depresión mayor (esto es a lo que llamamos coloquialmente depresión y es el trastorno por excelencia dentro de esta categoría).
  • Trastorno depresivo persistente o trastorno distímico ( aquí hablamos de cronicidad)
  • Trastorno disfórico premenstrual ( sobre esto también hablamos en 3 realidades que quizá no deberían aparecer en el DSM)
  • Trastorno depresivo inducido por sustancia o medicamento. (cuando es una droga la que provoca el trastorno depresivo).
  • Trastorno depresivo debido a otra afección médica (cuando la depresión es secundaria o por causa de otra enfermedad).
  • Trastornos depresivos no especificados (este es el cajón desastre para todo aquello que no cabe en otro sitio).

Además, para cada uno de estos trastornos se utiliza lo que llamamos especificadores.

Los especificadores son una nota que se añade al diagnóstico cuya función es dar información sobre el curso y la gravedad del trastorno. Digamos que cuando hablamos de depresión tenemos:

NOMBRE: aquí va el nombre del trastorno.

APELLIDOS: aquí van los especificadores. 

Estos son los especificadores para los trastornos del estado de ánimo:

  • Gravedad (leve, moderada o grave en función del número de síntomas presentes)
  • Presencia de síntomas psicóticos (presencia de delirios o alucinaciones)
  • Estado de remisión (total, parcial o no especificada)
  • Con ansiedad, con características mixtas (ansiedad-depresión), con características melancólicas, con características atípicas, con catatonia, con inicio en el periparto, con patrón estacional.

La utilidad de este sistema es eminentemente profesional, facilita que todos hablemos de lo mismo y con las mismas palabras para minimizar el riesgo de interpretación.

Llegados a este punto sabemos que “depresión” es una etiqueta que utilizamos para referirnos a un conjunto amplio de trastornos. Sabemos también que  la depresión tiene muchas formas de manifestarse.

No parece necesario profundizar para ver con claridad que cuando hablamos de tristeza no estamos hablando de depresión y que cuando hablamos de depresión hablamos de muchísimo más que de tristeza. 

Y seguro que ahora, entendéis mejor esto:

Yo cuando escucho a alguien decir”depre”

 

 

Sobre Carolina (Algún Psicólogo en la Sala) 31 Artículos
Psicóloga y Educadora Infantil. A mí sí cuéntame cuentos Cofundadora, administadora y creadora de contenido web en www.algunpsicologoenlasala.es

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