Recuerdos encubridores: ¿Algún Psicólogo en la Sala?

En su libro “Psicopatología de la vida cotidiana” (1904), Sigmund Freud describe varios fenómenos psicológicos que se dan en los acontecimientos del día a día. Entre otras cosas, habla de los “lapsus linguae”, los olvidos de nombres y palabras, las equivocaciones escritas, los errores, los actos fallidos, las torpezas y la superstición.

Pero una de las cosas que más me llamó la atención de ese libro fue el capítulo dedicado a los recuerdos infantiles y encubridores. ¿Cuántas veces nos ha pasado que tenemos un recuerdo claro de cuando éramos pequeños, y hablando con nuestra familia nos cuentan que no ocurrió exactamente así? Pues eso, según Freud, podría ser un recuerdo encubridor.

El recuerdo encubridor sería aquel que, tratando de un hecho aparentemente insignificante, queda grabado en la memoria para desplazar a otro con mayor contenido, pero que se encuentra con una resistencia por parte de la mente del individuo. Tendrían, por tanto, una función defensiva por parte del inconsciente. Freud resalta además como particular la relación temporal entre recuerdo encubridor y recuerdo encubierto, encontrando así varios tipos de recuerdos encubridores:

  • Retroactivos o regresivos: el recuerdo aparece como si estuviese situado en la primera infancia, cuando realmente su contenido corresponde a años bastante posteriores en la vida del sujeto. Es decir, el recuerdo encubierto precede al encubridor.
  • Progresivos o avanzados: el recuerdo encubridor precede al encubierto.
  • Simultáneos o contiguos: recuerdo encubridor y recuerdo encubierto se dan casi al mismo tiempo.

Y como todo se entiende mucho mejor con un ejemplo, adjunto una cita del libro, que habla sobre el recuerdo encubridor de uno de los pacientes de Freud:

“Un hombre de veinticuatro años conserva en su memoria la siguiente imagen de una escena correspondiente a sus cinco años. Se recuerda sentado en una sillita, en el jardín de una residencia veraniega y al lado de su tía, que se esfuerza en hacerle aprender las letras. El distinguir la m de la n constituía para él una gran dificultad, y pidió a su tía que le dijese cómo podía conocer cuándo se trataba de una y cuándo de la otra. La tía le hizo observar que la m tenía todo un trazo más que la n, un tercer palito. En este caso no se halló motivo alguno para dudar de la autenticidad del recuerdo infantil. Mas su significación no fue descubierta hasta después, cuando se demostró que podía adjudicársele la categoría de representación simbólica de otra curiosidad inquisitiva del niño. En efecto, así como primeramente deseaba saber la diferencia existente entre la m y la n, se esforzó después en averiguar la que había entre los niños y las niñas, y hubiera deseado que la misma persona que le hizo comprender lo primero, esto es, su tía, fuera también la que satisficiera su nueva curiosidad. Al fin acabó por descubrir que la diferencia era en ambos casos análoga, puesto que los niños poseían también todo un trozo más que las niñas, y en la época de este descubrimiento despertó en su memoria el recuerdo de la anterior curiosidad infantil correspondiente”.

Una posible interpretación de este recuerdo sería que el niño, teniendo la duda de qué diferencia a los niños de las niñas, plantea en su lugar la duda de qué diferencia a la m de la n, dado que las preguntas sobre sexualidad planteadas a estas edades rara vez suelen ser resueltas. Quizás la tía, con la que probablemente tenía confianza, resolvía frecuentemente sus dudas, y el niño deseaba que ella pudiese resolver también dudas sobre temas más peliagudos, como las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres.

Por ser un tema tan deliciosamente intrincado, con tantas implicaciones y que se puede observar en multitud de personas y lugares diferentes, es por lo que encuentro a los recuerdos encubridores tan interesantes. Espero que al lector le haya entretenido también, y este artículo sirva para despertar su curiosidad sobre el tema. “Y yo, ¿conservo algún recuerdo encubridor?”

Bibliografía:

Freud, S. (2011). Psicopatología de la vida cotidiana. Alianza Editorial (Madrid).

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