Psicología de las adicciones: el modelo de Prochaska y DiClemente. ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Recientemente, han salido a la luz numerosas noticias sobre la preocupante tendencia de los jóvenes españoles al consumo abusivo de bebidas alcohólicas. Dicha tendencia siempre parece estar al alza: los adolescentes cada vez comienzan a consumir alcohol antes, y las estadísticas sitúan al alcohol como una de las drogas más consumidas entre los jóvenes, junto con el tabaco. Cabe preguntarse, entonces, qué se puede hacer al respecto. De hecho, mucha gente se preguntará qué hacer ante una persona que presenta comportamientos adictivos. Pues bien, en el artículo de hoy intentaremos clarificarlo un poco.

Para entender mejor la intervención en conductas adictivas, hay un modelo teórico que resulta bastante esclarecedor. De hecho, es uno de los más citados en artículos y manuales sobre el tema. Se trata del modelo del cambio en las conductas adictivas de Prochaska y DiClemente (1992).  Estos autores entienden la conducta adictiva (y la posibilidad de abandonarla o no), como un ciclo compuesto por cinco fases:

  • Precontemplación: la persona no se plantea en ningún momento que tenga un problema. Tampoco se plantea cambiar sus conductas. De hecho, utiliza argumentos y racionalizaciones para intentar justificar los comportamientos adictivos. El típico comentario de: “Yo controlo, voy bien, puedo dejarlo cuando quiera”.
  • Contemplación: la persona comienza a plantearse que algo no va bien. Empieza a contemplar el cambio como una posibilidad, y sabe que hay conductas que puede realizar para lograrlo, pero todavía es reticente a hacerlo. Sería un “el mes que viene lo dejo” (y por una cosa u otra no lo deja).
  • Preparación: se trata de la persona que sabe que tiene un problema, desea cambiar y realiza acciones para lograrlo, pero todavía no ha superado su adicción pese a haber hecho mejoras. Los autores de la teoría engloban en esta categoría a las personas que “intentan pasar a la acción el próximo mes y pasaron, sin éxito, a la acción durante el año anterior”. Aún no se ha alcanzado, por tanto, el criterio de abstinencia. Un ejemplo sería quien dice que “ahora solo bebo los fines de semana/ los días que salgo de noche”.
  • Acción: Implica un grado más de compromiso que la fase anterior. La persona se esfuerza activamente en abandonar las conductas adictivas. Los autores establecen como criterio que “el cambio debe durar entre un día y seis meses, con abandono total de la sustancia o comportamiento adictivo”. En esta fase resulta bastante útil reemplazar las conductas adictivas por otras sustitutorias, que ayuden a sobrellevar la compulsión de la conducta adictiva. Por ejemplo, el ejercicio físico es un excelente modo de encontrar el equilibrio físico y mental, además de calmar el estrés y la ansiedad que provoca la abstinencia. Una persona en este estadio diría, por ejemplo, “no es fácil dejarlo, pero me estoy esforzando mucho”.
  • Mantenimiento: Son aquellas personas que, según Prochaska y DiClemente “han superado los 6 meses a partir del cese de la conducta adictiva”. El trabajo terapéutico se centra, fundamentalmente, en trabajar la prevención de recaídas.

Cabe mencionar que los autores de este modelo lo consideran como un modelo tridimensional, ya que además de los estadios está compuesta de procesos y niveles que se influyen mutuamente. No explicaremos aquí la relación de los estadios con los procesos y niveles, puesto que es algo compleja; quien quiera informarse al respecto, podrá consultar la sección de bibliografía. Además, señalan que las personas no pasan linealmente por todas las fases, sino que cada una tiene una evolución diferente, pudiendo existir avances, retrocesos y estancamientos. Podemos decir, entonces, que el avance es más bien circular: la persona va pivotando entre los diferentes estadios, pudiendo encontrar la salida del círculo o bien quedando atrapados en él.

Además, pueden existir recaídas: la vuelta a la realización de las conductas adictivas. Es importante explicar la diferencia entre recaída y fallo, puesto que si la persona cree que ha recaído cuando simplemente ha cometido un fallo, y además considera que la recaída es algo irreversible, es probable que la frustración y la desesperanza hagan mella y los comportamientos adictivos vuelvan a instaurarse. Si la persona considera que puede aprender de sus errores, y que ellos no implican que haya fracasado, es menos probable que retome las conductas adictivas. Como veis, la psicoeducación es una parte fundamental del proceso de abandono de las adicciones.

Aplicado a la problemática del consumo de alcohol en adolescentes, y pese a ser un modelo individual más que social, podemos deducir que hay ciertos mecanismos que podemos activar para reducir el consumo. Como siempre, la educación juega un papel fundamental: informar sobre los peligros del consumo abusivo de alcohol, además de proporcionar ejemplos de consumo responsable puede ayudar a que los jóvenes comprendan que el abuso es un problema. Además, reducir la presión social que lleva a muchos adolescentes a consumir alcohol, y proporcionar ejemplos de alternativas de ocio saludables, así como los medios para poder llevarlas a cabo, son factores esenciales en la erradicación del problema.

BIBLIOGRAFÍA:

Mayor, L. I. El cambio en las conductas adictivas. En Revista de Psicología de la PUCP, Vol. XIII, nº 2 (1995). Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4629534.pdf

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