La espiral de la violencia: ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Hoy me gustaría tratar un tema que, tristemente, es de actualidad. Se trata de la violencia en la que vive inmersa nuestra sociedad. Si bien ya no existen grandes guerras mundiales (al menos declaradas), la cantidad de conflictos armados, de terrorismo, de criminalidad, sigue creciendo a pasos agigantados.

¿Alguna vez habéis escuchado hablar de la espiral de la violencia? En Psicología, este término se utiliza para explicar el carácter perpetuo de la misma. Dicho de una manera más sencilla: la violencia solo genera más violencia. En infinidad de ocasiones hemos escuchado a líderes mundiales decir, ante un acto terrorista, que “no quedará impune”. Es un muy buen ejemplo de la perpetuidad de la violencia: ante un acto violento, respondemos con violencia, lo cual genera más actos violentos por parte de los primeros ejecutores de la misma. Además, ambos bandos se sienten legitimados para ejercerla, puesto que están “respondiendo a los ataques del otro colectivo”, con lo cual la responsabilidad se diluye.

Entonces, ¿cómo podemos romper el ciclo de la violencia? ¿Hay alguna manera de evitar que se reproduzca sin cesar en la sociedad? Por supuesto, pero no es fácil en absoluto. En mi opinión, modificar el contexto en el cual se produce la violencia es fundamental para conseguir erradicarla. Normalmente la violencia surge por algún motivo concreto, y suele ser fruto de algún tipo de desigualdad percibida. Eliminando esa desigualdad, o al menos suavizándola, estaremos influyendo en la espiral del conflicto y favoreciendo su desaparición.

Otra manera de minimizar la violencia es hacerlo a través de la educación. Las personas que recurren a la violencia suelen hacerlo porque se encuentran en una situación en la que o bien no tienen herramientas para enfrentarse a un conflicto, o bien consideran que las que tienen son ineficaces. Parafraseando a Isaac Asimov, “la violencia es el último recurso del incompetente”. Si proporcionamos a las personas herramientas para poder solucionar sus conflictos por otras vías, por ejemplo a través del diálogo, es mucho más difícil que vayan a utilizar la violencia, puesto que ejercerla implica ciertos daños colaterales importantes.

Por último, creando una sociedad más justa, igualitaria y tolerante, se puede disminuir también la violencia, puesto que, como ya hemos explicado, suele tener su raíz en la desigualdad. Las políticas sociales que favorezcan la inclusión, la integración y el poder llevar una vida digna también ayudan a romper el ciclo de la violencia. Hay que tener en cuenta que las personas que ejercen la violencia, en su mayor parte, consideran que ya no tienen nada que perder, y la utilizan como último recurso para luchar contra un sistema social en el que no tienen (o no encuentran, o no les dejan) cabida.

Y para terminar, me gustaría dejaros con una reflexión: no todos los actos violentos son explícitos, también existen tipos de violencia velada y sutil. A mi entender, las situaciones de desigualdad, de intolerancia y de rechazo son, también, violencia, y una lacra a erradicar de la sociedad. Lo mismo ocurre con aquellas formas de gobierno que implican perjuicios para sus ciudadanos. Deberíamos tener en cuenta que no solo las armas matan, también la exclusión, el rechazo y la falta de oportunidades.

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