La conducta altruista. ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Prácticamente todo el mundo sabe qué es el altruismo o la conducta prosocial. Se trata de poner en marcha todos los recursos a nuestro alcance para beneficio de los demás, sin esperar nada a cambio. En otras palabras, la conducta prosocial es aquella que realiza un individuo para beneficio exclusivo de terceros, sin esperar ninguna retribución por ello.

 

Estos días ha salido a la luz un caso de presunta estafa relacionado con una asociación supuestamente dedicada a fines benéficos. En estas fechas, cerca de la Navidad y del espíritu dadivoso que la acompaña, la noticia antes mencionada puede suponer un varapalo para organizaciones realmente benéficas, que por culpa de la mala praxis de unos pocos ven en entredicho su credibilidad.

 

Con este artículo queremos reflexionar un poco sobre la conducta altruista, y recordar su importancia, para que las malas experiencias no empañen todo el bien que puede hacerse.

 

¿Por qué es importante?

 

El altruismo resulta de gran importancia a la hora del desarrollo personal y social. Es una conducta basada en la empatía, que favorece la comprensión y cooperación de los individuos. De este modo, la sociedad se vuelve más justa, comprensiva, tolerante y humana.

 

De hecho, algunas teorías consideran que es la cooperación, y no la competición, lo que hace evolucionar a las especies. Sea esto cierto o no, lo que sí sabemos es que el altruismo ayuda, y mucho, tanto a las personas que ofrecen ayuda como a las que son ayudadas.

 

Ya sea mediante aportaciones económicas, o bien mediante el voluntariado o la organización de eventos benéficos, la conducta altruista nos confronta con algunos de los problemas de nuestra sociedad, haciendo visibles las desigualdades y focalizando nuestra atención en aquello que requiere de mejora.

 

Además de visibilizar los problemas sociales, dando pie a que obtengamos información sobre temáticas desconocidas para nosotros, el hecho de cooperar con otros seres humanos, de unir fuerzas para luchar por una causa, hace que forjemos nuevas relaciones sociales, que ejercitemos nuestra faceta social, y por tanto, mejora nuestro estado de ánimo.

 

Entonces, ¿debemos ser altruistas sin más?

 

Si bien es cierto que son muchos los beneficios del altruismo, es cierto que debemos tomar ciertas precauciones. Como suele decirse, debemos ser buenos, pero no tontos. Para empezar, toda asociación u ONG que se precie tiene credenciales que son públicas y deben estar accesibles. Debemos cerciorarnos de que la organización a la que queramos ayudar sea seria, no solo por nosotros, sino para asegurar que quienes lo necesitan reciban la ayuda que merecen. 

 

Sobre todo, la mejor opción es dedicar tiempo y esfuerzo a conocer tanto a la organización como a los destinatarios de la ayuda. Por ello, el voluntariado es una opción idónea. No obstante, si por falta de tiempo o recursos optamos por otras maneras de ayudar,es importante comprobar si la ayuda se hace efectiva.

 

Con esto no queremos decir que haya que tener miedo a ayudar. Por suerte, contamos con numerosas organizaciones que realizan una labor increíble y bien documentada. Además, aquí estamos hablando del altruismo “reglado”, es decir, la colaboración con entidades (ya sean gubernamentales o no). Pero también podemos ser altruistas sin más, en nuestro día a día, dando a las personas de nuestro entorno aquello que sabemos que necesitan y está en nuestra mano.

 

En definitiva, no debemos dejar que el miedo o el desconocimiento nublen nuestro juicio. Con la debida información en nuestro haber, podemos tener por seguro que la conducta altruista será un regalo para todas las partes.

 

Enlaces de interés

 

Haces Falta.org

 

Programa “Voluntariado Galego”

 

Información sobre el Consejo Estatal de Organizaciones no Gubernamentales de Acción Social, en el que participan ONG reconocidas por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

 

Efectos de consecuencias positivas y negativas sobre la conducta altruista (Carpio et al.)

 

Procesos cognitivos y emocionales predictores de la conducta prosocial y agresiva: La empatía como factor modulador (Mestre, Samper y Frías)

 

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