El precio de ser mujer. ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Estas últimas semanas ha sido tema de conversación un fenómeno que, curiosamente, ya nos acompaña desde la revolución industrial. Quién sabe por qué ahora se nos ha dado por reparar en una evidencia más que notable (aunque más vale tarde que nunca).

Me refiero a la tasa rosa y a este tema dedicaremos el artículo de hoy.

LA TASA ROSA, ¿algún psicólogo en la sala?

La tasa rosa, traducido directamente del inglés tax pink, es la diferencia de precio entre artículos que, siendo de igual marca y modelo, tienen un precio de venta mayor en su versión femenina.

Vamos a verlo:captura

 

Es cuestión de tiempo que la investigación arroje datos sobre esta situación en España, pero ya podemos avanzar sin miedo a equivocarnos que la tendencia será la misma: ellas pagan más.

Si eres amante del escepticismo-ojalá, me parece maravilloso– te invito a darte una vuelta por el super de tu barrio, navegar en tiendas on-line o pedir presupuesto en una peluquería y ya podrás ir reuniendo esas pruebas que necesitas.

En un contexto (elige el que quieras, pasará en todos) en el que, de media, la mujer tiene un salario más bajo que un hombre en el mismo puesto de trabajo, parece un chiste malo que a ella le cueste más ir a la compra. Bueno, si los dos se compran una lechuga pagarán lo mismo, pero si compran una cuchilla para afeitarse las piernas, ella pagará más. Ella, la misma que cargará con la mirada horrorizada de los otros si decidiera no afeitárselas.

Imagina dos niños: X e Q.

X quiere comprarse un chicle de menta. Coge uno de la bolsa “Chicles para X”. Le cobran 5 céntimos.

Q quiere comprarse un chicle de menta. Coge uno de la bolsa “Chicles para Q”.  Le cobran 8 céntimos.

Mismo chicle, tamaño y sabor.

¿Qué crees que pasará?

OPCIÓN 1: Q se enfadará, reclamará y ante la negativa optará  por no comprar nunca más un chicle de menta en ese establecimiento.

OPCIÓN 2: Q se enfadará, reclamará y ante la negativa decidirá devolver su chicle y comprar uno de la bolsa “Chicles para X”.

Lógico y normal, ¿no?

Imagina ahora a Mauricio y Elena.

Mauricio quiere comprar un desodorante. Prefiere uno especial para deportistas porque hace mucho ejercicio y se preocupa por cuidar su higiene personal. Elige el desodorante en roll-on de 50ml “Adipure” de la sección para él. Paga 3.90 €.

Elena quiere comprar un desodorante. Prefiere uno especial para deportistas porque hace mucho ejercicio y se preocupa por cuidar su higiene personal. Elige el desodorante en roll-on de 50ml “Adipure” de la sección para ella. Paga 4.30€.

¿Qué crees que pasará? (Ahora, vas corriendo a “dejar un comentario” y me lo cuentas)

Muchas personas se han pronunciado ya y han clasificado la tasa rosa como la nueva forma de violencia estructural hacia la mujer. Se ha abierto el debate sobre la discriminación de género y sus consecuencias.

Los colectivos se han levantado contra la conceptualización de la sexualidad y el género binario en pro de la visión de las personas como algo más complejo y más rico que un anticuado e impreciso ÉL vs. ELLA.

Han comenzado las recogidas de firmas, la protesta y la reclamación hacia las empresas que mantienen y fomentan la tasa, pero ¿por qué  existe la tasa rosa? O mejor: ¿por qué funciona? Podemos abrir muchos debates, pero no podemos discutir sobre el éxito de la tasa que ha engordado bolsillos que no son ni el tuyo ni el mío. Si ninguna de nosotras hubiese caído en la trampa, todas las marcas que apuestan por la tasa rosa habrían abandonado ya está estrategia de venta .

Vamos a ver algunos factores que explican la existencia de esta tasa:

1.Ser mujer tiene un precio y tú estás dispuesta a pagarlo.

Alguien en algún lugar ha dicho qué es una mujer, cómo debe ser, qué color debe gustarle y cómo deben oler todas las partes de su cuerpo.

Esto se llama “estereotipo de género”

Definición: modelos o patrones de conducta que definen cómo deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y las mujeres en una sociedad

¿Y para qué sirven? Los estereotipos de género son las instrucciones que cada uno de nosotros lee e interpreta para saber cómo funciona eso de vivir en función de su género. Aprendemos a ser hombre o mujer.

Lo bueno de todo lo “malo” que aprendemos es que podemos desaprenderlo. Si no quieres ser esa mujer, si no quieres que serlo tenga un precio, desmonta el estereotipo.

La tasa rosa se sustenta desde el punto de vista del marketing en la idea de que ella, para cumplir con su estereotipo de género, está obligada a cuidar su aspecto personal hasta las últimas consecuencias. Por ello, no dudadará en asumir la tasa rosa.

Él, sin embargo, no tiene instrucciones tan rígidas sobre su aspecto, por lo que el determinante para que compre según qué artículos será que el precio sea bajo.

2.Yo quiero ser como ella: el modelado.

Los tampones de Amaia Salamanca, el tinte de Eva Longoria, las medias de Julia Roberts, la crema hidratante de Paula Echevarría…

Estos ejemplos de publicidad dirigida a la mujer enseñan el producto y el resultado. Tú no lo oyes, pero lo que te están diciendo es  “cómprala para ser como ella”. Como esa ella que encaja a la perfección en su estereotipo de género.

El modelado o aprendizaje por observación es el proceso de aprendizaje observacional donde la conducta de un individuo –el modelo- actúa como estímulo para modificar los pensamientos, actitudes,  o comportamientos del otro que lo observa.

Con la tasa rosa se compra la idea de encajar mejor en el estereotipo. No se paga la calidad del producto sino una sensación ficticia de bienestar.

3. Por norma general asumimos más de lo que reclamamos.

Y esto, amigas, también forma parte de nuestro estereotipo de género.

Gracias por leer, comentar y compartir.

«Una mujer libre es justo lo contrario de una mujer fácil »

-Simone de Beauvoir-

 

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