El cuñadismo: una aproximación científica desde el efecto Dunning-Kruger.

«El término cuñadismo, que hasta ahora hacía referencia al nepotismo o favoritismo hacia los cuñados, ha ampliado su significado y se emplea sobre todo para referirse a la tendencia a opinar sobre cualquier asunto, queriendo aparentar ser más listo que los demás».

Vía: Fundéu (http://www.fundeu.es)

Por extensión, se utiliza el término cuñado para referirse a aquella persona, independientemente de la existencia o no de parentesco, que todo lo sabe, todo lo entiende, ha tenido todas y cada de una de las experiencias vitales posibles y TE LO CUENTA, sobre todo te lo cuenta.

Si todavía no tienes a tu propio cuñado en mente –de ser así, felicidades de corazón– vamos a ejemplificarlo con este video de Borja Pérez titulado CUÑADISMO PREMIUM:

Sí, los cuñados están ahí y pueden sorprenderte en cualquier momento. No tengas miedo, mantén la calma y sobre todo, nunca*, nunca, nunca intentes discutir, rebatir o hacer entrar en razón a estos seres.

*Nunca es mucho decir. A veces sí hay que discutir, pero de forma general simplemente:

Por favor, que nos ayude la ciencia…

Lo curioso es que lo único que tiene de nuevo el cuñadismos es este nuevo término para referirse a él. Listillas y listillos ha habido siempre e incluso han llamado la atención de la ciencia.

En la década de los 90,  el psicólogo social David Dunning se planteó la siguiente cuestión: ¿es posible que la incompetencia de una persona la vuelva inconsciente de su propia incompetencia? Es decir: ¿es posible que sea tan incompetente como para no darme cuenta de que soy incompetente?

¿Serán los cuñados incapaces de darse cuenta de que son unos cuñados?

Dato curioso:

David Dunning planteó su investigación sorprendido por la  incompetente acción de un archibuscado ladrón que fue arrestado en su último golpe tras robar dos bancos a plena luz del día con el rostro al descubierto. El iluminado se había rociado el rostro con zumo de limón creyendo que eso le daba cierto poder de invisibilidad. Él mismo se sorprendió al ser capturado pues se había tomado las molestias de poner a prueba su fórmula en casa: se rocío con zumo de limón y se hizo una foto en la que no aparecía su rostro. Así, nuestro particular cuñado confundió el efecto óptico provocado por el flash con el falso efecto de invisibilidad del zumo de limón.

David Dunning y Justin Kruger llevarón su hipótesis a investigación con la colaboración de estudiantes de Psicología de la Cornell University.

Cada estudiante valoró su grado de competencia en gramática, razonamiento lógico y humor. Posteriormente se sometieron a una prueba objetiva en cada uno de estos campos. Es decir, primero se les pregunto cuánto sabían y después se les pidió que lo demostraran.

Esto fue lo que encontraron:

Los estudiantes menos competentes, tendía a sobrevalorar su competencia cuando eran preguntados en la primera fase del experimento. Decían saber más de lo que pudieron demostrar.

¡¡¡CUÑADOS!!!

Además, descubrieron algo todavía más curioso: aquellos estudiantes más competentes tendían a infravalorar su competencia.

Será que tenía razón Darwin cuando dijo aquello de «la ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento». Otro día podemos charlar con calma de este segundo grupo de estudiantes.

En resumen, el resultado de esta investigación , acuñado efecto Dunning-Kruger, explica que los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Este sesgo se explica por una incapacidad metacognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud.

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo que explica por qué algunas personas tienden a tener opiniones excesivamente optimistas y mal calibradas sobre sí mismos. Aquellas personas con habilidad o conocimientos limitados, se enfrentan a una doble carga: por un lado no saben y por otro, no saben que no saben. O sea, nuestros cuñados son, en esencia, personas influidas por el efecto Dunning-Kruger.

La sobreestimación de sus conocimientos y habilidades los llevan a sentirse capacitados para llevar a cabo tareas para las que no están suficientemente preparados, para opinar sobre temas sobre los que no tienen información suficiente y para tomar decisiones peligrosas basadas en supuestos erróneos o insuficientes.

Las implicaciones en la vida real del efecto Dunning-Kruger van más allá de lo anecdótico y no me gustaría dejar pasar la oportunidad de señalar algunas muy importantes:

1. A veces, el cuñado soy yo.

Sí, lo siento. Probablemente no lleves puesto el traje de la prepotencia preferido por los cuñados, pero incluso sin prepotencia, el cuñadismo vive en ti.

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo. Los sesgos cognitivos nos llevan a distorsionar la realidad y a hacer juicios inexactos. Esto es algo que nos pasa a todas y a todos, más, menos, en unas situaciones o en otras, o solo en los días de guardar, pero nadie es inmune a esta distorsión.

(Los sesgos cognitivos surgen como una necesidad evolutiva, los necesitamos. No quiero que pienses que son algo “malo”. En otro artículo lo veremos con más calma).

Ejemplo en el que el cuñadismo pasa frecuentemente desapercibido:

Cuñadismo: “Las carreras de ciencias son mucho más difíciles que las de letras, son solo para los cerebritos”

Realidad: Las ciencias sociales y las humanidades tienen como objeto de estudio realidades que nos son más cercanas, por lo que tendemos a pensar que son más asequibles, independientemente de factores como la competencia o la inteligencia.

2. Cuidado con las personas que se autoproclaman sabios de ninguna cosa.

Leí en tal sitio que tal cosa es buenísima para, yo sé de una cosa que va genial cuando, lo mejor que puedes hacer es…

Por supuesto, hay personas que comienzan una de esas frases, la terminan y tienen éxito en el resultado. El problema es que cuando no aciertan, pueden llevar a otros a situaciones difíciles o peligrosas.

No importa quién sea el sabio que nos dé el consejo, tenemos que dudar, preguntar y contrastar. Que los sesgos no sean algo “malo” no quiere decir que no debamos estar atentos para evitar tomar malas decisiones.

El Doctor Google ilustra muy bien este punto… Por favor, las cuestiones de fontanería, siempre al fontanero.

«La incompetencia es tanto más dañina cuanto mayor sea el poder del incompetente».

                                                                                                                                                                                              Francisco Ayala

3.No, no todas las opiniones son respetables.

A veces, el cuñadismo se presenta de manera violenta -y con violenta me refiero a que agrede de alguna manera a una tercera persona-.

Las opiniones no informadas no merecen respeto. No todos los enunciados son válidos por ir acompañados de un “así lo veo yo”. Primero porque podemos ver mal y segundo, porque “verlo así” no le concede ningún valor de verdad. ¡OJO! Son las opiniones no informadas las que no merecen respeto, no las personas que las emiten. A veces nos liamos un poco con este tema y montamos unos follones muy desagradables.

En otras ocasiones, ha surgido el tema de los comportamientos violentos y nuestra posición será siempre la misma: la agresión NO se negocia. No nos gusta ponernos tan serias, pero esto es muy importante.

 

Hay cuñados inocuos ante los que nos podemos marcar un Meryl Streep y asentir sin compasión cuando no tenemos tiempo o ganas de debates insulsos. No siempre es así, a veces tendrás que lidiar con cuñados de nivel 2 a los que tendrás que confrontar, disuadir, formar o convencer. Si ese es el caso, seguro que un buen despliegue de habilidades sociales te ayudarán a salir ileso.

Os dejo el enlace al estudio para que podáis dudar, preguntar y contrastar, que no quiero ser yo la cuñada del día  😉

Como de costumbre, esperamos vuestas aportaciones.

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