Educación y desarrollo de la autoestima. ¿Algún Psicólogo en la Sala?

La educación de los más pequeños es un tema complicado. No existe una verdad, ni una sola manera de hacer las cosas. Además, por mucho que nos preocupe, nunca sabremos a ciencia cierta si estamos haciendo lo correcto. No obstante, hay algunas pautas que nos pueden ayudar a construir la autoestima de los niños. Niños que luego serán adultos competentes emocionalmente, y que habrán crecido de manera saludable.

Para lograrlo, como ya hemos dicho, existen muchas maneras, pero hoy nos centraremos en dos conceptos que me parecen clave: el “qué” frente al “quién” y la libertad frente a las normas.

Cuidemos nuestro lenguaje

Aunque muchas veces no nos demos cuenta, los niños se fijan en todo. También en la manera en la que nos dirigimos a ellos. El lenguaje, tanto verbal como no verbal, causa un impacto en los pequeños. Por ello, debemos ser extremadamente cuidadosos a la hora de hablar con ellos.

Pongamos un ejemplo típico: el niño al que le decimos que recoja sus cosas y remolonea, tardando en hacerlo. Al rato de haberle pedido que recoja su cuarto, volvemos y todo sigue igual. Nos exasperamos y decimos: “Hijo, ¿es que aún no has recogido todo esto? ¡De verdad, eres un desastre!”.

¿Qué mensaje le estamos enviando a nuestro hijo? Pues, claramente, que es un desastre, es decir, que el problema está en él. O bien, que él es el problema. Ahora, imaginemos todas las implicaciones que tendrá para la autoestima del niño pensar “soy un desastre”.

A la hora de regañar, es mejor centrarse en criticar conductas específicas antes que a la persona. Traducido a nuestro ejemplo, un “Este cuarto está hecho un desastre, y te he pedido que lo ordenes hace un rato. ¿Por qué no lo haces ahora?” podría funcionar mejor, puesto que si el niño asume que es un desastre podría caer en la indefensión y pensar que es algo que no puede cambiar, mientras que de este modo se le pide que lo haga y se confía en él, lo cual le animará a ordenar.

Capacidad de elección

Muy relacionado con el concepto anterior está el de la capacidad de elección. La facultad de poder decidir dentro de unos límites bien definidos ayudará al desarrollo de la personalidad y los valores del niño.

De nada sirve poner toneladas de normas sin explicación, apelando únicamente a la autoridad del adulto en cuestión. Los niños irán creciendo y se cuestionarán esas normas, acabando por desafiarlas. O bien obedecerán sin cuestionarse nada, pero a costa de su capacidad de pensamiento crítico.

Si les explicamos el por qué de los límites que les marquemos, y dejamos que tengan cierta capacidad de decisión, acorde al momento y a su edad, claro está, aprenderán de manera práctica qué es aceptable y qué no lo es tanto en determinadas situaciones. Esto ayudará a que crezcan sabiendo tomar decisiones y con una autoestima fuerte, además de que irán construyendo su propio sistema de valores, y desarrollando su capacidad de elección. En definitiva, estarán aprendiendo a decidir la persona que quieren ser.

Como decíamos al comienzo del artículo, ninguna forma de enseñar es 100% correcta, pero sí que hay maneras de ayudar a que los más pequeños se sientan comprendidos, respetados e incluidos en su educación, lo cual los convertirá en personas capaces y responsables de sí mismas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *