Depresión infantil y el mito del niño feliz: ¿Algún Psicólogo en la Sala?

Puede parecer increíble a día de hoy, pero desde el surgimiento de la Psicología hasta 1970 se pensaba que los niños no podían deprimirse. Es lo que se conoce con el nombre de “mito del niño feliz”. Hablando de una enfermedad que, según cifras de la OMS, afecta a 350 millones de personas en el mundo, parece poco probable que los niños queden excluidos. Y efectivamente, en 1980, con la publicación del DSM III, se reconoce la existencia de la depresión infantil y juvenil, cuyos síntomas serían similares a los que se dan en la adultez, pero diferirían en la expresión de los mismos.

En efecto, la depresión puede aparecer en niños y adolescentes al igual que en adultos. Simplemente difiere en la forma de expresarse, debido entre otras cosas a que el nivel de desarrollo evolutivo del individuo varía en cada una de estas etapas.

En adultos, según el DSM V, los tipos de síntomas principales que aparecen son: el estado de ánimo depresivo, la disminución del interés o el placer en las actividades que antes resultaban placenteras (anhedonia); los cambios en el apetito o el peso, así como en los patrones de sueñoagitación o enlentecimiento psicomotorfatiga, sentimientos de culpa o inutilidad, menor concentración, indecisión e ideas recurrentes de muerte o suicidio.

En niños y adolescentes, las diferencias con respecto a estos síntomas estriban, principalmente, en que la tristeza suele presentarse en forma de irritabilidad o comportamiento caprichoso. En niños pequeños (de menos de 6 años) pueden aparecer rabietas; en niños algo más mayores tristeza o irritabilidad, y en adolescentes tristeza, irritabilidad y comportamiento desafiante ante las normas o rebeldía.

También es habitual que en niños, sobre todo pequeños, aparezcan quejas somáticas y aislamiento social. De hecho, hay una tendencia en los niños más pequeños a que la sintomatología se manifieste de manera externalizante (en forma de rabietas, dolores y quejas somáticas, enuresis…) y en etapas posteriores de la infancia y adolescencia se manifieste de manera internalizante (con problemas de autoestima, pensamientos depresivos, pesimismo…). Esto se debe, fundamentalmente, a que a medida que el niño crece aumenta el control y la regulación emocional.

depresion

En líneas generales, siempre que detectemos un cambio de conducta en un niño o adolescente que nos alarme, debemos consultar a un profesional. Sólo él podrá evaluar correctamente a la persona, así como decidir el mejor tratamiento para ella. Normalmente, tanto en niños como en adultos, ante un caso de trastorno depresivo, se suele recomendar psicoterapia, que puede ir acompañada de medicación (aunque este punto en niños se vuelve más delicado).

Dado que la depresión es una enfermedad que tiende a volverse recurrente, cuanto antes se detecte y se intervenga con un tratamiento adecuado, más probable será que consigamos romper su ciclo y evitar futuras recidivas. Por ello, y por las importantes consecuencias que puede tener en el desarrollo de las personas, en especial en la infancia y adolescencia, es vital que sepamos distinguirla y actuar a tiempo.

Bibliografía:

García-Vera, M. P. y Sanz, J. Depresión. En Comeche, M. I. y Vallejo, M. A. (Eds.). (2012) Manual de terapia de conducta en la infancia. Madrid. Pirámide (pp. 187-230).

Enlaces de interés:

Página de la OMS, con notas acerca de la depresión (en español)

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs369/es/

Página del National Institute of Mental Health (en español) con una guía sobre depresión

http://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/depresion/index.shtml

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *